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jueves, 22 de octubre de 2015

«He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo"

Evangelio de hoy (Lc 12,49-53): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «He
venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra».


REFLEXIÓN:

San Ambrosio (hacia 340-397) obispo de Milán, Padre de la Iglesia Católica
Tratado sobre San Lucas, 7: 131-132; SC 52

“He venido a prender fuego en el mundo” - “He venido a prende fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! El Señor quiere que seamos vigilantes, esperando de un momento a otro la venida del Salvador... Pero como el provecho es poco y débil el mérito cuando es el temor al suplicio lo que nos aparta del camino errado, porque el amor tiene un valor superior, por esto el Señor mismo.....inflama nuestro deseo de Dios cuando dice: “He venido a prender fuego en el mundo “. Desde luego no un fuego que destruye, sino aquel que genera una voluntad dispuesta, aquel que purifica los vasos de oro de la casa del Señor, consumiendo la paja (1 Cor 13,12ss) limpiando toda ganga del mundo, acumulada por el gusto de los placeres mundanos, obra de la carne que tiene que perecer.
Este fuego es el que quema los huesos de los profetas, como lo declara Jeremías: “Era dentro de mí como un fuego devorador encerrado en mis huesos.” (Jr 20,9) Pues hay un fuego del Señor del que se dice: “delante de él avanza fuego” (Sl 96,3) El Señor mismo es como un fuego “la zarza estaba ardiendo pero no se consumía.” (Ex 3,2) El fuego del Señor es luz eterna; en este fuego se encienden las lámparas de los fieles: “Tened ceñida la cintura y las lámparas encendidas” (Lc 12,35) Porque los días de esta vida todavía son noche oscura y es necesaria la lámpara. Este fuego es el que, según el testimonio de los discípulos de Emaús, encendió el mismo Señor en sus corazones: “No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?” (Lc 24,32) Los discípulos nos enseñan con claridad cómo actúa este fuego que ilumina el fondo del corazón humano. De ahí que el Señor llegará con fuego (cf Is 66,15) para consumir los vicios en el momento de la resurrección, colmar con su presencia el deseo de todo hombre y proyectar su luz sobre los méritos y misterios.

martes, 20 de octubre de 2015

Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá.

Evangelio (Lc 12,35-38): "En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Estén ceñidos
vuestros lomos y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran. Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos!».


REFLEXIÓN

Papa Francisco en el Evangelio de Hoy:

Dios da siempre con generosidad su gracia a los hombres que, en cambio, tienen “la costumbre de medir las situaciones”: comprender la abundancia del amor divino es siempre fruto de una gracia. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.
Abundante. El amor de Dios por el hombre es así. De una generosidad que al hombre en cambio se le escapa, demasiado habituado a medirse cuando decide donar algo de lo que posee. Es la clave con la que el Papa Bergoglio leyó el pasaje de San Pablo. La salvación que trae Jesús, que supera la caída de Adán, es una demostración de este darse con abundancia. Y la salvación – explicó el Santo Padre –, “es la amistad entre nosotros y Él”:
“¿Cómo da Dios, en este caso la amistad, toda nuestra salvación? Da como dice que nos dará a nosotros cuando hacemos una obra buena: nos dará una medida buena, apretada, colma, desbordante… Pero esto hace pensar en la abundancia y esta palabra, ‘abundancia’,  en este pasaje es repetida tres veces. Dios da en abundancia hasta el punto que Pablo dice, como resumen final: ‘Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia’. Sobreabunda, todo. Y esto es el amor de Dios: sin medida. Todo sí mismo”.

Un Dios que sale

Sin medida como el padre de la parábola evangélica, que todos los días otea el horizonte para ver si su hijo ha decidido volver a él. “El corazón de Dios – afirmó Francisco – no está cerrado: siempre está abierto. Y cuando nosotros llegamos, como aquel hijo, nos abraza, nos besa: un Dios que hace fiesta”:
“Dios no es un Dios mezquino: Él no conoce la mezquindad. Él da todo. Dios no es un Dios inmóvil: Él mira, espera que nosotros nos convirtamos. Dios es un Dios que sale: sale a buscar, a buscar a cada uno de nosotros. ¿Pero esto es verdad? Cada día Él nos busca, nos está buscando. Como ya ha hecho, como ya ha dicho, en la Parábola de la oveja perdida o de la moneda perdida: busca. Siempre es así”.

Abrazo sin medida

El Santo Padre reafirmó asimismo que en el cielo se hace “más fiesta” por un solo pecador que se convierte que por cien que permanecen justos. Y sin embargo  – reconoció Francisco  – “no es fácil, con nuestros criterios humanos”, pequeños y limitados, “comprender el amor de Dios”. Se lo comprende por una “gracia”, como lo había comprendido – recordó el Pontífice – la religiosa de 84 años de edad que conoció en su diócesis, y que aún se desplazaba constantemente por los pasillos del hospital para hablar con una sonrisa del amor de Dios a los enfermos. Ella –  concluyó el Papa – ha tenido “el don de entender este misterio, esta sobreabundancia” del amor de Dios, que la mayoría no ve:
“Es verdad, nosotros siempre tenemos la costumbre de medir las situaciones, las cosas con las medidas que nosotros tenemos: y nuestras medidas son pequeñas. Por esto nos hará bien pedir al Espíritu Santo la gracia, rezar al Espíritu Santo, la gracia de acercarnos al menos un poco para entender este amor y tener el deseo de ser abrazados, besados con aquella medida sin límites”.

viernes, 28 de agosto de 2015

"En verdad os digo que no os conozco’. Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora».

Evangelio (Mt 25,1-13): "En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: «El
Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite; las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas. Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron. Mas a media noche se oyó un grito: ‘¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!’. Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: ‘Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan’. Pero las prudentes replicaron: ‘No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis’. Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: ‘¡Señor, señor, ábrenos!’. Pero él respondió: ‘En verdad os digo que no os conozco’. Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora».


REFLEXIÓN:

Nuestro Señor Jesús sigue insistiendo en lo mismo: VIGILANCIA Y PRUDENCIA Vigilantes de lo que sale de nuestro corazón, examen diario de conciencia; vigilancia de nuestra vida de piedad; y prudencia sin excesos en medio de la vida y en el corto tiempo que se nos ha brindado.

Hemos de vivir a la espera de aquél día: viviendo como si fuera el único día, el primero y el último. Entusiasmados como el día primero y prudentes como el último; es decir con alto sentido de responsabilidad que da la dignidad de estar hoy y aquí siendo sobre todo y ante todo HIJOS DE DIOS. 

Vivir con alegría  y responsabilidad en cada una de las cuestiones que Dios nos ha dado: el trabajo, el estudio, la familia, los hijos, los compañeros de trabajo, y el barrio, la comunidad cristiana a la que has sido llamado: como enviados y servidores de todos ellos. Estamos al servicio de todos.

Prudentes en todo. Pero qué es ser prudentes: ¿Que es la prudencia? es la "Virtud cardinal del catolicismo que consiste en discernir y distinguir lo que está bien de lo que está mal y actuar en consecuencia".

Actuemos en consecuencia.
examen de conciencia, confesión asidua, lectura del evangelio diario, y la oración en familia, cuestiones organizadas en medio del trabajo, estudio, trabajos u obligaciones de cada cual. Dios nos conceda vivir vigilantes y prudentes como San Agustín buscando permanentemente a Dios.





jueves, 27 de agosto de 2015

«Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor".

Evangelio de hoy jueves 27 de agosto (Mt 24,42-51): "En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien el señor puso al frente de su servidumbre para darles la comida a su tiempo? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. Yo os aseguro que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si el mal siervo aquel se dice en su corazón: ‘Mi señor tarda’, y se pone a golpear a sus compañeros y come y bebe con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los hipócritas; allí será el llanto y el rechinar de dientes».


REFLEXIÓN:

La lectura de Hoy, nos refiere una advertencia bastante clara:«Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor". Si estamos convencidos que la conversión dura toda la vida, la preparación para ir a la casa del Padre es continua, permanente, diaria.
Lo cierto es que HEMOS DE VELAR, de cuidar, nuestra vida cristiana todos los días de nuestra vida, viviendo como si fuera el último. Tenemos fecha de caducidad, no sabemos qué día pero sí sabemos que un día, más tarde o más temprano.

Lo incierto entonces es que no sabemos cuando: tanto para la hora de nuestra muerte, como para el fin del universo. Y ambos efectivamente son la venida de nuestro Señor. 

¿Qué hay que hacer?: mantenerse FIEL Y PRUDENTE. Lo dice el mismo Jesús por que al siervo fiel y prudente será Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. Yo os aseguro que le pondrá al frente de toda su hacienda.
Hemos de saber corresponde en nuestra vida, ver qué hacemos hoy en el Reino de Dios y agotar nuestros esfuerzos por ser coherentes con el Evangelio, con nosotros mismos, con los demás, con Dios. Es necesario embarcarse en los quehaceres de nuestro Señor.

Esta es la viña del Señor: el mundo. ¿Qué haces en el plan de salvación? En el tiempo que se te ha dado, en la vida que vives y con quienes te rodean. Has sido puesto allí donde estas para alimentar de la Palabra que da Vida eterna a los tuyos:¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien el señor puso al frente de su servidumbre para darles la comida a su tiempo?. 

No te olvides eres siervo en esta viña del Señor.
¿Sólo estás en tus cosas?

A LA LUZ DE CRISTO AMIGO
COMISIÓN DE CATEQUESIS