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viernes, 23 de octubre de 2015

¡Hipócritas! Sabéis explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploráis, pues, este tiempo?

Evangelio de hoy (Lc 12,54-59): "En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: «Cuando veis
una nube que se levanta en el occidente, al momento decís: ‘Va a llover’, y así sucede. Y cuando sopla el sur, decís: ‘Viene bochorno’, y así sucede. ¡Hipócritas! Sabéis explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploráis, pues, este tiempo? ¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo».

REFLEXIÓN:

El Papa Francisco meditó hoy sobre los “signos de los tiempos” y cómo el cristiano está llamado a interpretarlos a través del silencio, la reflexión y la oración gracias a la libertad que ha donado al hombre.
En la homilía de la Misa de la Casa Santa Marta, el Pontífice explicó que “para entender los signos de los tiempos, antes que nada es necesario el silencio: hacer silencio y observar. Y después reflexionar dentro de nosotros. Un ejemplo: ¿Por qué ha ocurrido algo? Y orar... silencio, reflexión y oración. Solamente así podremos entender los signos de los tiempos, qué quiere decir Jesús”.
En su opinión todos pueden entender los signos de los tiempos, no solo los intelectuales. Jesús no dice “miren cómo hacen los universitarios, miren cómo hacen los doctores, miren cómo hacen los intelectuales…”. Jesús habla a los campesinos que “en su simplicidad” saben “distinguir el grano de la cizaña”.
“Los tiempos cambian y nosotros los cristianos debemos cambiar continuamente. Debemos cambiar firmes en la fe en Jesucristo, firmes en la verdad del Evangelio, pero nuestra actitud debe moverse continuamente según los signos de los tiempos”.
El Papa comentó el Evangelio del día en el que Jesús habla precisamente de “los signos de los tiempos” y advierte de los hipócritas que disciernen las cosas del mundo pero no las de Dios.
Francisco recordó que Dios ha hecho libre al hombre y que para hacer uso de esa libertad “debemos abrirnos a la fuerza del Espíritu y entender bien qué sucede dentro y fuera de nosotros” a través del “discernimiento”.
“Tenemos esta libertad de juzgar lo que sucede fuera de nosotros. Pero para juzgar debemos conocer bien lo que acontece fuera. ¿Cómo se hace esto?”, se preguntó.
“¿Cómo se puede hacer esto que la Iglesia llama conocer los signos de los tiempos? Los tiempos cambian. Es característico de la sabiduría cristiana conocer estos cambios, conocer los diversos tiempos y conocer los signos de los tiempos”.
“Qué significa una cosa  y otra cosa. Y hacer esto sin miedo, con libertad”, agregó.
El Pontífice reconoció que no es una tarea “fácil” porque existen muchos condicionamientos externos que no ayudan.
“Este es un trabajo que normalmente no hacemos: nos conformamos, nos tranquilizamos con ‘me han dicho, he escuchado, la gente dice, he leído…’. Así nos quedamos tranquilos… Pero, ¿cuál es la verdad? ¿Cuál es el mensaje que el Señor quiere darme con ese signo de los tiempos?”.
“Somos libres. Somos libres para el don de la libertad que nos ha dado Jesucristo. Pero nuestro trabajo es mirar lo que sucede dentro de nosotros,discernir nuestros sentimientos, nuestros pensamientos y qué acontece fuera de nosotros, y discernir los signos de los tiempos. Con silencio, reflexión y con la oración”, concluyó.

domingo, 30 de agosto de 2015

"En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres’. Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres».

Evangelio (Mc 7,1-8.14-15.21-23): "En aquel tiempo, se reunieron junto a Jesús los
fariseos, así como algunos escribas venidos de Jerusalén, y vieron que algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir no lavadas. Es que los fariseos y todos los judíos no comen sin haberse lavado las manos hasta el codo, aferrados a la tradición de los antiguos, y al volver de la plaza, si no se bañan, no comen; y hay otras muchas cosas que observan por tradición, como la purificación de copas, jarros y bandejas. Por ello, los fariseos y los escribas le preguntan: «¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras?». Él les dijo: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: ‘Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres’. Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres».
Llamó otra vez a la gente y les dijo: «Oídme todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre».


REFLEXIÓN:

El seguimiento de Cristo ha de ser un seguimiento profundamente entregado, con todo el corazón, el cuerpo y el alma. En vano son los ritos y ceremonias por más bien cuidados que se realicen, con toda pulcritud exterior sino tenemos el cuerpo y el alma desasidos de los desordenes de este mundo: «Oídme todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre".

Por eso el camino de salvación que emprendamos tiene origen en el centro más interior del ser humano; de lo contrario Cristo dirá de nosotros hoy, como dijo de de los fariseos y de los hipócritas de su tiempo: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí".  Lo exterior ha de ser una expresión del interior del hombre. Si le damos importancia  a lo externo, al cumplimiento ritual y legalista; más que a la confesión sacramental y a la comunión misma sin la debida dignidad todo será en vano; así nos refiere Jesús: "En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres’. Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres».

Cuidemos el corazón, vigilemos los sentimientos, el examen de conciencia es el acto que nos hará ver después de cada jornada esos sentimientos, pensamientos que hemos de cuidar y que Jesús nos exhorta a rechazar: "Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre».

Con esto el Maestro también nos enseña que si bien la conversión dura toda la vida no implica otra cosa que todos los días hemos de decidirnos por el bien. La conversión como el amor es decisión, una decisión que hemos de sostenerlo con el peso de la vida. Que Dios nos ayude a todos en la conversión diaria y que a ejemplo de Santa Rosa de Lima, nos decidamos a amar a Dios sobre todas las cosas en medio de las circunstancias y  obligaciones propias de nuestra vida.

A la luz de Cristo Amigo:
COMISIÓN DE CATEQUESIS