Evangelio de hoy (Lc 14,25-33): En aquel tiempo, caminaba con Jesús mucha gente, y volviéndose les dijo: «Si alguno viene donde mí y no odia a s
u padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío. El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío.
»Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: ‘Este comenzó a edificar y no pudo terminar’. O ¿qué rey, que sale a enfrentarse contra otro rey, no se sienta antes y delibera si con diez mil puede salir al paso del que viene contra él con veinte mil? Y si no, cuando está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz. Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío».
SEGUIMOS A CRISTO A TRAVES DE LA LITURGIA DE LA IGLESIA CATÓLICA, EN EL ESTUDIO DE LA BIBLIA Y LA CELEBRACIONES DE LOS TIEMPOS LITÚRGICOS, ASÍ COMO LOS DOCUMENTOS DEL MAGISTERIO DEL A IGLESIA
Mostrando entradas con la etiqueta #perseverancia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta #perseverancia. Mostrar todas las entradas
sábado, 7 de noviembre de 2015
domingo, 25 de octubre de 2015
«Vete, tu fe te ha salvado»
Evangelio de hoy (Mc 10,46-52): "En aquel tiempo, cuando Jesús salía de Jericó,
acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!». «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!». Pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!». Jesús se detuvo y dijo: «Llamadle». Llaman al ciego, diciéndole: «¡Ánimo, levántate! Te llama». Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús. Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: «¿Qué quieres que te haga?». El ciego le dijo: «Rabbuní, ¡que vea!». Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado». Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino".
acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!». «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!». Pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!». Jesús se detuvo y dijo: «Llamadle». Llaman al ciego, diciéndole: «¡Ánimo, levántate! Te llama». Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús. Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: «¿Qué quieres que te haga?». El ciego le dijo: «Rabbuní, ¡que vea!». Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado». Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino".
REFLEXIÓN:
Ayer como hoy, y como mañana LA FE NOS SALVA.
El ciego esperaba, tenía la esperanza que si Jesús lo oyera El solucionaría su problema, la ausencia de luz. Y lo llamaba con insistencia, con perseverancia, en medio de la muchedumbre: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!»
Cuántas necesidades tendrían los de la muchedumbre, ¿quien no los tiene?, pero nadie gritaba como él. Nadie gritaba desde la oscuridad de su ser «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!» Solo quien experimenta la necesidad, la limitación humana y la carencia puede gritar así una y otra vez. Un grito que va lleno de esperanza en medio de una oscuridad existencial.
Muchos de los que estaban allí le dijeron que se callara, como hoy. Y cómo hoy cuántos callan, creen que Jesús que está en la eucaristía no puede escucharlo, se sienten tan desanimados tal vez de años rezando y no tienen respuesta, entonces dejan de gritar.
Pero el ciego no, a pesar del pedido de muchos que calle, a pesar que venía pidiendo sin respuesta inmediata, él insiste: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!»
Luego Jesús oyéndole detiene todo: Jesús se detuvo y dijo: «Llamadle».
Llaman al ciego, diciéndole: «¡Ánimo, levántate! Te llama».
Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús.
Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: «¿Qué quieres que te haga?».
El ciego le dijo: «Rabbuní, ¡que vea!».
Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado».
Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino".
¿Que tanto crees? ¿Invocas a Jesús como el ciego?
También Jesús quiere decirte ¿que quieres que haga yo por ti?
Insistente y perseverante responde desde tu oscuridad existencial, que El tiene una respuesta para ti.
Y esa respuesta estará siempre a la medida de tu fe: El ciego le dijo: «Rabbuní, ¡que vea!».
Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado».
La fe de tu problema esta en tu respuesta, en tu correspondencia a la fe. ¿crees?. ¿qué quieres que haga Jesús por ti?.
A LA LUZ DE CRISTO A MIGO
COMISIÓN DE CATEQUESIS
sábado, 19 de septiembre de 2015
"Y otra cayó en tierra buena, y creciendo dio fruto centuplicado»
Evangelio de hoy sábado (Lc 8,4-15): "En aquel tiempo, habiéndose congregado mucha
gente, y viniendo a Él de todas las ciudades, dijo en parábola: «Salió un sembrador a sembrar su simiente; y al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino, fue pisada, y las aves del cielo se la comieron; otra cayó sobre piedra, y después de brotar, se secó, por no tener humedad; otra cayó en medio de abrojos, y creciendo con ella los abrojos, la ahogaron. Y otra cayó en tierra buena, y creciendo dio fruto centuplicado». Dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga».
Le preguntaban sus discípulos qué significaba esta parábola, y Él dijo: «A vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás sólo en parábolas, para que viendo, no vean y, oyendo, no entiendan.
»La parábola quiere decir esto: La simiente es la Palabra de Dios. Los de a lo largo del camino, son los que han oído; después viene el diablo y se lleva de su corazón la Palabra, no sea que crean y se salven. Los de sobre piedra son los que, al oír la Palabra, la reciben con alegría; pero éstos no tienen raíz; creen por algún tiempo, pero a la hora de la prueba desisten. Lo que cayó entre los abrojos, son los que han oído, pero a lo largo de su caminar son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y no llegan a madurez. Lo que cae en buena tierra, son los que, después de haber oído, conservan la Palabra con corazón bueno y recto, y dan fruto con perseverancia"
gente, y viniendo a Él de todas las ciudades, dijo en parábola: «Salió un sembrador a sembrar su simiente; y al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino, fue pisada, y las aves del cielo se la comieron; otra cayó sobre piedra, y después de brotar, se secó, por no tener humedad; otra cayó en medio de abrojos, y creciendo con ella los abrojos, la ahogaron. Y otra cayó en tierra buena, y creciendo dio fruto centuplicado». Dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga».
Le preguntaban sus discípulos qué significaba esta parábola, y Él dijo: «A vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás sólo en parábolas, para que viendo, no vean y, oyendo, no entiendan.
»La parábola quiere decir esto: La simiente es la Palabra de Dios. Los de a lo largo del camino, son los que han oído; después viene el diablo y se lleva de su corazón la Palabra, no sea que crean y se salven. Los de sobre piedra son los que, al oír la Palabra, la reciben con alegría; pero éstos no tienen raíz; creen por algún tiempo, pero a la hora de la prueba desisten. Lo que cayó entre los abrojos, son los que han oído, pero a lo largo de su caminar son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y no llegan a madurez. Lo que cae en buena tierra, son los que, después de haber oído, conservan la Palabra con corazón bueno y recto, y dan fruto con perseverancia"
REFLEXIÓN:
Hoy como hace más 2000 años, la Palabra de Dios se esparce por el mundo por medio de sus miembros desde el Papa, Cardenales, Obispos, sacerdotes y diáconos hasta sus laicos. Una palabra siempre viva, cosechando en los corazones que saben corresponder FRUTO CENTUPLICADO.
Hemos de preparar entonces nuestros corazones como tierra buena, como tierra fértil capaz de acoger y germinar la palabra viva de Dios Hijo, por que "Lo que cae en buena tierra, son los que, después de haber oído, conservan la Palabra con corazón bueno y recto, y dan fruto con perseverancia" . Dan fruto con perseverancia.
Y eso es justamente lo que tal vez nos falta: la perseverancia.
Hemos de preparar con perseverancia la fortificación de la tierra que es nuestro corazón, que al final eso somos tierra: y no seamos como los que viendo, no vean y, oyendo, no entiendan.
Dios es amor y lo primero que sabe un hombre desde nacer es que necesita del amor. Dios es amor. Y cuando se ama das todo por amor. Y el que ama persevera. Sabes también que el amor es decisión, y por tanto la decisión de ser cristiano implica perseverancia: «El que tenga oídos para oír, que oiga».
Que Dios nos conceda no trabajar en otro corazón sino primero y sobre todo en el nuestro, para que llenos de la Palabra vayamos por el mundo a inundar otros corazones de esa palabra que infunde VIDA en el alma y en la vida, centuplicando con perseverancia.
A LA LUZ DE CRISTO AMIGO
COMISIÓN DE CATEQUESIS
domingo, 23 de agosto de 2015
«Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que Tú eres el Santo de Dios»
Evangelio (Jn 6,60-69): "En aquel tiempo, muchos de los que hasta entonces habían
seguido a Jesús dijeron: «Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?». Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: «¿Esto os escandaliza? ¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Pero hay entre vosotros algunos que no creen». Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. Y decía: «Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre».
Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con Él. Jesús dijo entonces a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?». Le respondió Simón Pedro: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que Tú eres el Santo de Dios»
seguido a Jesús dijeron: «Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?». Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: «¿Esto os escandaliza? ¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Pero hay entre vosotros algunos que no creen». Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. Y decía: «Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre».
Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con Él. Jesús dijo entonces a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?». Le respondió Simón Pedro: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que Tú eres el Santo de Dios»
REFLEXIÓN:
Cuando se escucha el Evangelio hay siempre dos posiciones:
La primera son los muchos que dicen: «Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?»
La segunda son los que como Pedro refieren:«Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna".
Hay que entender que la Catequesis de Jesús está enfocada en guiarnos a la vida eterna, y en esa guía sus palabras vivas no pueden entenderla todos, ni aceptarlas «Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre». La fe es un don de Dios Padre que se le entrega a quien abre su vida a El. Muchos ya de por si la tienen cerrada, por eso no pedimos sino que Dios Padre nos conceda a todos ir a Cristo, Camino, Verdad y Vida: en el Evangelio, en la Iglesia Cuerpo de Cristo y en los Sacramentos.
Y el mismo Jesús nos explica: "El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Pero hay entre vosotros algunos que no creen».
Por eso hemos de redoblar las acciones, para que todos crean. Ahora están las redes sociales y aunque no reemplaza la eficacia de la palabra directa del catequesista, muchos conocerán y se acercarán a Dios a partir también de las redes, si hemos de estar más comunicados hemos de comunicar sobre todo la palabra de Dios. La eficacia de la misma la dará el Espíritu Santo.
Aún así son muchos los que no creen. Habían más creyentes con menos medios de comunicación que ahora.
Jesús sabe quienes creemos y quienes no. Por eso hemos de decir muchas veces como jaculatoria, cada vez que pasemos por un templo católico: "CREO SEÑOR PERO AYÚDAME A CREER".
Por muchas razones y muy válidas razones también nosotros querremos irnos de la Iglesia y de la vida de fe: " entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con Él. Jesús dijo entonces a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?»
Pregunta nuestro CRISTO AMIGO y me pregunta a mi también: "¿también vosotros queréis marcharos?".
Prestos como Pedro, primeros en la respuesta digamos al unísono, pidiendo al Espíritu Santo que por misericordia de Dios seamos muchos: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que Tú eres el Santo de Dios»
No nos quedaremos por que merezcamos quedarnos; sino por pura misericordia de Dios. Todo el que se sienta indigno y el peor de todos los pecadores, tampoco se quiera ir; que piense que Dios deja las 99 que están bien y va en busca de la oveja perdida. Y si estás en el redil, de las felices 99 esfuérzate en la oración y en la eucaristía por que nadie mas caiga y se vaya.
A LA LUZ DE CRISTO AMIGO
COMISIÓN DE CATEQUESIS
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



